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6 Jul 2015

Terrorismo AMOK: la creciente amenaza de Occidente

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Recientemente hemos impartido un programa de instrucción donde la temática principal era la de plantear las formas de actuación ante lo que se denomina “Técnicas de Intervención AMOK” y que, teniendo en cuenta los recientes acontecimientos a los que nos enfrentamos en Occidente, deberían de formar parte de los nuevos protocolos de actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

En psiquiatría, el síndrome Amok es un síndrome ligado a la cultura y consiste en una súbita y espontánea explosión de rabia salvaje, que hace que la persona afectada corra alocadamente o armada y ataque, hiera o mate indiscriminadamente a los seres vivos que aparezcan a su paso, hasta que el sujeto sea inmovilizado o se suicide.

Este tipo de actuaciones se observaron  por primera vez en Malasia -en realidad la palabra AMOK es de origen malayo-, donde entendían que se trataba de reacciones naturales ante una posible frustración o humillación.

Las primeras conductas de este tipo fueron descritas por James Cook en los diarios de sus viajes por Polinesia, en los que describía a los meng-âmok (“locos de furia”), como individuos que se lanzaban en coléricos ataques contra otros miembros o animales de su aldea y que, generalmente, se zanjaban con un promedio de diez víctimas, siendo el demente sacrificado por sus congéneres. Sin embargo, más tarde y ya con la influencia occidental, las observaciones registradas de estos crímenes y el estudio de algunos casos reflejaron que los individuos afectados de amok presentaban un tipo de enfermedad mental.

Es por ello que durante un par de siglos se creyó que se trataba de un síndrome puramente malayo y, por lo tanto, de origen cultural. Sin embargo, el auge de actos perpetrados de muy similar actuación en sociedades industrializadas de Occidente puso esta teoría en duda. A partir del siglo XX, se empezó a asociar a sujetos con enfermedades mentales graves como psicosis crónica, trastornos del sistema nervioso central, así como a causas sociales como pérdida de la vergüenza, separación familiar, pérdida de un ser querido o intoxicación alcohólica.

Hoy en día nos encontramos con que este fenómeno se repite cada vez con más frecuencia como forma de ataque terrorista, deliberado y planificado, por miembros que actúan de forma autónoma con la intención de desarrollar, en el menor tiempo posible, el mayor numero de bajas de forma indiscriminada, llevando el caos y desconcierto en escenarios completamente alejados de las zonas de conflicto.

Para las FCSE Norteamericanas hay -aunque deberíamos de decir había, ya que la adopción de este fenómeno por parte de terroristas yihadistas a Occidente deberá de ser tratado bajo otro paraguas o denominación- tres grandes categorías:

1) “asesinos de masas” (mass murderers).

2) “asesinos itinerantes” –también puede traducirse como “erráticos”– (spree killers).

3) “asesinos en serie” (serial killers).

Dentro de las dos primeras citadas, se encuentran cuatro subcategorías bien definidas:

1) “asesinos de familias” (family slaughters o family annihilators).

2) “asesinos en lugares de trabajo” (workplace killers).

3) “asesinos en establecimientos educativos” (school shooters).

4) “asesinos líderes de cultos” (cult leaders killers).

Acciones como las ocurridas recientemente en Francia o Túnez nos llevan a dilucidar que nos vamos a enfrentar a un tipo de acciones que tienen muy bajo coste -tanto económico como de recursos humanos- para la operativa terrorista pero que, sin embargo, tienen un alto beneficio mediático y un inviolable efecto psicológico sobre la sociedad que lo padece: mínima inversión – máximo beneficio.

La cuestión que se nos plantea con este tipo de amenazas es la rapidez con la que seamos capaces de anularla, ya que, una vez comenzada la acción del terrorista AMOK, la cantidad de víctimas es proporcional al tiempo que continúa activo. Por lo tanto, la posibilidad de suprimirla de forma inmediata o a la mayor brevedad posible se convierte en un asunto prioritario si se desea salvar la mayor cantidad de vidas posible. Y esto, para los responsables de la seguridad que puedan estar en el escenario del evento a pie de calle -policías locales, agentes de seguridad privados, agentes de paisano o, incluso, llegados al extremo, ciudadanos armados- puede suponer un problema por no estar preparados o capacitados para reaccionar a tiempo.

Desde UC Global queremos apostar por este tipo de instrucción, orientada principalmente a los agentes de a pie, aquellos que están presentes en los potenciales escenarios donde este tipo de manifestaciones tiene mas posibilidades de ocurrir: lugares de concentración de personas, edificios públicos, instalaciones críticas… 

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